10 Feb./ El Ateneo presenta…

¿Qué vemos cuando miramos al cielo?

Fecha: Jueves, 10 de febrero 2022
Hora: 19:00
Lugar: Filmoteca de Navarra 
Plano de localización: aquí

Precio: 1 euro, presentando el carnet del Ateneo 
(Entrada normal: 3 euros)  

Presenta: Patxi Burillo
Organiza: Patxi Burillo, Vocal de Cinematografía
Colabora: Filmoteca de Navarra

Año: 2021 / País: Georgia / Duración: 150’ Color / Director: Alexandre Koberidze / Guión: Alexandre Koberidze / Fotografía: Faraz Fesharaki / Reparto: Ani Karseladze, Giorgi Bochorishvili, Oliko Barbakadze, Giorgi Ambroladze, Vakhtang Panchulidze, Irina Chelidze



¿Qué vemos cuando miramos al cielo?

Lisa y Giorgi se encuentran por casualidad en una calle de la ciudad georgiana de Kutaisi y el flechazo es inmediato. Tanto, que incluso olvidan preguntarse sus nombres. Antes de continuar su camino, acuerdan reunirse al día siguiente, ignorando que un mal de ojo les hechiza. ¿Conseguirán reencontrarse? Y si lo hacen, ¿sabrán quiénes son?

Continuamos en febrero el ciclo El Ateneo presenta con el estreno en Navarra de la película ¿Qué vemos cuando miramos al cielo?, segundo largometraje del cineasta georgiano Alexandre Koberidze. Proyectada por primera vez en el Festival de Berlín, donde obtuvo el premio Fipresci, la película narra la historia de una joven pareja en la ciudad georgiana de Kutaisi que, tras coincidir en repetidas ocasiones y sufrir un intenso flechazo, decide citarse en un bar a orillas del río. Sin embargo, como en un cuento de hadas, el día del encuentro ambos verán transmutada su apariencia, siendo incapaces de reconocerse y dejando en el aire una pregunta: ¿conseguirán reencontrarse?

Al tiempo que asistimos a la truncada historia de amor de Lisa y Giorgi, la película nos traslada a la preciosa atmósfera del verano de Kutaisi, capital histórica de Georgia, con sus múltiples historias enlazadas, sus ritmos pausados y cautivadores, y el encanto de sus pequeños rincones. Una atmósfera construida por la mirada de Koberidze que, como afirma Carlos Losilla, “parece suplantar la realidad y mejorarla”, en una nueva demostración de la capacidad del cine para crear universos habitables.  

Así, los hermosos planos del cineasta georgiano derrochan vida por los cuatro costados, quedando siempre abiertos a lo imprevisible y a la singular poesía de la vida cotidiana. Una poesía de la vida cotidiana que nos arrastra, como el rio que atraviesa la película, por los meandros de la historia de amor de Lisa y Giorgi, entre clases de música, juegos infantiles, o proyecciones estivales del Mundial de Fútbol, para dar lugar a uno de los cuentos de verano más sorprendentes y frescos que ha dado el cine en los últimos años.