26 Mar./ El Ateneo presenta…

Un verano en casa de los abuelos (Dong dong de jia qi)

Fecha: Viernes, 26 de marzo 2021
Hora: 19:30
Lugar: Filmoteca de Navarra. 
Plano de localización: aquí

Precio: 1euro, presentando el carnet del Ateneo 
(Entrada normal: 3 euros)  

Presenta: Patxi Burillo
Organiza: Miguel Zozaya, Vocal de Cinematografía

Año: 1984 / Pais: Taiwán / Duración: 97’ Color / Director: Hou Hsiao-Hsien / Guión: Chu Tien-Wen / Fotografía: Chen Kun-Ho / Reparto: Chen Kun-Ho, Chi-Kuang Wang, Yang Li-Yin, Shu-Chen Li, Mei-Feng, Edward Yang, Nai-Chu Ting, Yan Tseng-Kuo

Un verano en casa de los abuelos (Dong dong de jia qi)

Dong-dong y su hermana pasan las vacaciones de verano en casa de sus abuelos en el pueblo, mientras su madre se recupera de una grave enfermedad. Sumidos en el ritmo apacible del verano, emplean su tiempo en toda clase de juegos infantiles mientras la vida y los enigmas de los adultos se mezclan con los suyos, transmitiendo una serie de conocimientos y tradiciones que los niños aprenden a escuchar e imitar.

Calificado por la crítica como unos de los cineastas más importantes de finales del siglo XX y comienzos del XXI, Hou Hsiao-Hsien irrumpió con fuerza en el panorama internacional con su película Aquellos días de juventud. Máximo exponente de la “Nueva ola del cine taiwanés”, de la que formaba parte junto a cineastas como Edward Yang, Hou Hsiao-Hsien crea un cine en que lo personal y los histórico se dan la mano, en unas películas profundamente delicadas y personales que son capaces de canalizar al mismo tiempo la historia reciente y convulsa de Taiwán.

Un verano en casa de los abuelos, su siguiente película tras el éxito de Aquellos días de juventud, alcanzó una gran repercusión de crítica y público nuevamente, alzándose con el premio del jurado en el prestigioso festival de Locarno. El film, de claros tintes autobiográficos, supone el inicio de una trilogía que completarían Tiempo de vivir, tiempo de morir (1985) y Polvo en el viento (1986), y supone una hermosa inmersión del cineasta en el mundo de la infancia, que filma sin afectación pero con gran sencillez y lirismo. De un ritmo apacible que consigue narrar y transmitir, la película posee a su vez lo que el cineasta denomina como “el fuego de la presencia”, una enorme sensación de vida que nos lleva a habitar la película de manera irremediable y profunda, consiguiendo llevarnos de la mano al espacio misterioso y cálido del largo verano infantil.